Publicidad:
La Coctelera

Comentarios de Rigoberto Lanz a las consideraciones de Esteban Emilio Mosonyi

Rigoberto Lanz

Amigo Esteban Emilio:

Tus inquietudes--no sólo ahora--son ampliamente compartidas por muchos colegas situados intelectualmente en corrientes diversas. Quiere ello decir que una importante franja de problemas tiene hoy una impronta muy consensuada a nivel internacional. El debate debería entonces situarse en ese límite y mirar hacia adelante, es decir, la agenda de la discusión tendría que establecer esos puntos de partida como masa crítica adquirida y no volver sobre debates ya superados.
1. Sobre esta cuestión crucial de la diversidad arrastramos un pasivo intelectual de muchas implicaciones. Un dato positivo a destacar es el papel jugado por un organismo como el MCT en la dura lucha que se libró en la UNESCO para la aprobación final de la "Convención para la protección de la diversidad cultural". Durante dos años tuve la oportunidad de representar la voz de este Ministerio en esos debates con una tesis teórico-política de mucha fuerza: los saberes populares alternativos son un patrimonio cultural de la misma importancia que los saberes científico-técnicos que deben ser protegidos. Ello indica claramente que hay una conciencia activa contra el pensamiento único, contra cualquier forma de homogeneización, contra los modos subterráneos de subordinación de saberes y prácticas culturales. Desde luego, esta conciencia crítica no está por igual en todos los operadores del Estado, tampoco está en las vanguardias dirigentes. Ese déficit se expresa, por ejemplo, en lo que comentas de la Ley Orgánica de Educación y en muchos otros espacios.
2. La arcaica demarcación entre "ciencias duras" y "ciencias blandas" es un mecanismo mental de clasificación de los saberes que sobrevive en los rincones de una burocracia científica en vías de extinción (eso espero). La onda predominante (con sus matices y tonalidades) va en otra dirección epistemológica, recupera otros torrentes de la producción mundial, se nutre de nuevas interrogaciones sobre la complejísima realidad que estamos construyendo. No quiere ello decir que los bloqueos cognitivos y los atavismos culturales en este terreno se disolverán mágicamente. Digo sencillamente que las baterías están enfiladas para el lado correcto, que existe una voluntad político-intelectual remando en ese rumbo, que las tensiones y juegos de fuerza se ganan en el terreno en el diario batallar.
La "Misión Ciencia" es una política pública que nace al calor de estos debates. Nadie pretenderá zanjar estas disputas mediante algún dictamen o sometiendo a votación cada perspectiva teórica. La dinámica es otra: mantener el pulso del debate escuchando todas las voces, propiciando la convergencia de miradas, estimulando el espíritu crítico en todos los espacios, recuperando todos los aportes no importa de dónde provengan, en fin, tomándose en serio la consigna de una democratización de los saberes que es consustancial a la idea de diversidad.
Un fuerte abrazo:
R. Lanz

Consideraciones de Esteban Emilio Mosonyi sobre el debate generado alrededor de la Misión Ciencia

Esteban Emilio Mosonyi

...querría agregar al debate algunos puntos todavía no muy elaborados, que sin embargo podrían suscitar o motivar algunas reflexiones en el colectivo, siempre con miras a profundizar el proceso.

1) El concepto de diversidad y sus derivados configuran uno de los epicentros del gran debate intelectual mundial, donde nuestro país y sus trabajadores culturales podrán y tendrán que hacer aportes significativos, por ser tan ricos en biodiversidad y sociodiversidad. Me inquieta, no obstante, que nuestra agenda política actual no le dedica tanta atención a este tópico y la propia Misión Ciencia se concentra más bien en otras áreas, por ejemplo la productividad minera. Entiendo que hasta el destino nos obligará, por lo menos durante algún tiempo, a servir de gran fuente energética al mundo entero, la cual habrá de ser sabiamente administrada y en bien de los países emergentes. Pero también -y tal vez en mayor grado- somos un país de inmensos recursos hídricos, bióticos y con reservas de ozono aún intactas gracias a nuestra Amazonía-Orinoquía y también a otras formaciones como Los Andes y Perijá. Entonces, inevitablemente hay que buscar un equilibrio, porque la minería y hasta el traslado terrestre o entubado de algunos productos que ahora ocupan el proscenio bien podrían acabar con muchos ecosistemas si nos descuidáramos. Recordemos que en Venezuela el agua de hecho es más costosa que el petróleo. Me atrevo a decir con absoluta seguridad que nuestro proceso sociopolítico ganaría a la postre muchos más puntos y adeptos salvaguardando y poniendo de relieve nuestros todavía grandes recursos ambientales que insistiendo casi unilateralmente en cuestiones energéticas y geopolíticas, quizás ni siquiera tan originales. En todo caso, la Misión Ciencia y todos los investigadores deberemos tratar este punto de la forma más consciente y minuciosa.

2) Volviendo a la diversidad, esta vez cultural, me asusta que el Proyecto de Ley de Educación, a pesar de la amplia participación nominal de algunos de nosotros, le dedique tan poquito espacio y se exprese en términos tan magros de la educación indígena y de la Educación Intercultural Bilingüe, aparte de que los afrodescendientes parece que no existieran. Como participante de algunas de la Reuniones de Trabajo, puedo asegurarte -en calidad de testigo presencial- que ciertos personeros muy influyentes en las tomas de decisiones me ponían la cara agria cada vez que me refería a ese tema, colocando más bien el acento en la absoluta necesidad de que indígenas, afrovenezolanos, campesinos y todos en general se integren en un solo esquema educativo, bastante simplificado por lo demás. ¿Qué hacemos con ser signatarios de convenios internacionales sobre la diversidad cultural si nuestra clase política en sus distintos niveles no comprende -ni quiere percatarse- a qué se refiere esta serie de planteamientos verdaderamente revolucionarios y destinados a cambiar el mundo? Ello también amerita múltiples debates entre nosotros. Primero hay que reconocer y divulgar la multiculturalidad dentro y fuera de nuestro país, para luego poder ser interculturales, vale decir, establecer canales y modalidades de comunicación entre tantas culturas y manifestaciones culturales en forma horizontal y sin atentar contra la especificidad de ninguna de ellas, tal como lo hemos sostenido tantas veces y durante largos años.

3) Y ahora vayamos a lo intracultural. La diversidad comienza en casa: en el seno de cada cultura considerada en sí misma. Aquí creo que muchos países, entre ellos el nuestro, estamos fallando quizás en forma inconsciente. Nos encanta todavía hablar de masificación -de la educación, la cultura, la lectura, el deporte, de todo- en lugar de universalización o algo análogo, sin pensar que esto llevaría a producir uniformidad, simplificación, falta de creatividad y hasta cierta maquinización y robotización del ser humano. Entiendo el entusiasmo de las primeras cohortes revolucionarias, pero ya sería tiempo de dejarnos de tanta gorrita roja, franelas del mismo color y consignas tipo "uh, ah". Por el contrario, precisamente la gente más identificada con el proceso debería dar el ejemplo, promoviendo incluso a través de concursos nuevas manifestaciones de diversidad cultural o de otra índole. Si bien reconozco que existen melodias o cuadros monótonos, estáticos, que no por esto dejan de ser bellos e interesantes, también es verdad que, en lo fundamental, la creación y la misma dinámica de la vida implica diferencia, diferencias y más diferencias. Por ejemplo, yo le agradezco a Farruco Sesto el haber puesto en circulación un hermoso logo panare, pero estoy en desacuerdo con que ese logo sea el único para todas las instituciones culturales, tal vez ignorando soterradamente los logos vigentes anteriormente o cualquier otra opción o alternativa. Quiero insistir de la manera más cordial que en este momento domina entre nosotros cierta unidimensionalidad histórica y cultural, como cuando pretendemos reducir todo nuestro acontecer a Bolívar y su época o a la lucha de Zamora contra el latifundio, para citar dos casos notorios. Venezuela comporta una inmensa riqueza multicultural, intercultural e intracultural, que no puede ni tiene por qué agazaparse en la penumbra, sólo para destacar unas poquísimas facetas que por lo demás nunca fueron totalmente ignoradas aunque sí mal interpretadas. Sin una buena intraculturalidad no hay tampoco interculturalidad ni una diversidad abundante y creadora.

4) Quisiera concluir este breve mensaje -para seguir contribuyendo en otro momento- con un comentario sobre el excelente artículo tuyo en El Nacional, ya mencionado. En una reunión muy reciente de la Red de Macrouniversidades que se realizó en Tepoztlán, México, se tocó accidentalmente el tema ya consabido de "ciencias duras vs. ciencias blandas". Yo intervine afirmando que ya, a estas alturas, no hay ninguna razón para mantener tal dicotomía. Por un lado, los mejores físicos, matemáticos y otros "duros" reconocen sin tapujos el papel que juegan la imprevisibilidad y el azar en esas disciplinas de coraza positivista. Por otro lado, también las ciencias sociales y humanas pueden ser exactas y predictivas, como cuando hace treinta años o más un grupo de antropólogos y sociólogos latinoamericanos predijimos con detalles minuciosos y casi de manera exhaustiva todo lo que iba a suceder en materia del futuro reconocimiento de los pueblos indígenas y otras sociedades minorizadas y oprimidas; el futuro auge de las culturas, lenguas y conocimientos alternativos al pensamiento único occidental y neoliberal, así como múltiples manifestaciones de la sociodiversidad en tanto proyección de la propia biodiversidad y otros planteamientos que aún no se estilaban en mi infancia. Pero lo más bonito del caso es que nuestro diagnóstico, perfectamente visible y rastreable a través de numerosas publicaciones que ya remontan a varias décadas, no pretende asumir un carácter prescriptivo ni normativo, no quiere ser determinista, sino que se conforma humildemente con ofrecer opciones más o menos novedosas, allí donde antes no había más que una homogeneidad y un conformismo sepulcrales y a menudo cínicos. Bueno, cosas veredes, amigos de la Comunidad Científica...
Con un fuerte abrazo y una cordial invitación a seguir debatiendo,

Esteban Emilio Mosonyi

DEBATE SOBRE LA CIENCIA II

Daniel Mato
Me alegra que el colega Félix Tapia coincida conmigo en celebrar el intercambio acerca de la idea de ciencia. Esta coincidencia es especialmente importante cuando quien la expresa es el presidente de ASOVAC. Esto me hace pensar que esta discusión podría alcanzar un lugar promisorio en la agenda de ASOVAC, hago votos porque así sea.
Para que honremos de manera honesta y potencialmente fructífera esta promisoria coincidencia de intereses me parece provechoso comenzar por puntualizar que las palabras del colega Félix Tapia en las que sostiene "La validación de este conocimiento es lo que diferencia a la ciencia (dura o blanda, blanca o negra, oriental u occidental, IV o V) de la seudo-ciencia y la superchería" me preocupan mucho. Mi preocupación se debe a que estas palabras plantean que lo que no es "ciencia" sólo podría calificarse de "seudo-ciencia" o "superchería".
Mi preocupación reside en el carácter dicotómico y descalificador de esta afirmación que (des)califica a todo modo de producción de conocimiento que no responda a la visión de "ciencia" expresada --no simplemente por un colega mas entre nosotros, sino nada menos que-- por el presidente de la Asociación Venezolana para el Avance de la Ciencia en términos de "superchería" o "seudo-ciencia". Así, de acuerdo con la visión expresada por el presidente de ASOVAC, tendríamos que el conocimiento producido por el psicoanálisis seria superchería o seudo-ciencia, como también lo serían el producido por la filosofía, o los producidos por productores de conocimiento que forman parte de civilizaciones que no practican la idea de ciencia, como es el caso de los shamanes, iatiris, o como quiera que los muy diversos pueblos indígenas de América han llamado y continúan llamando a esos miembros destacados de sus comunidades que, entre otras cosas, han demostrado ser grandes conocedores y "manejadores" de especies botánicas (no solo, pero para poner un ejemplo). Lo interesante del caso es que mientras tanto muchos importantes laboratorios del mundo contratan antropólogos, biólogos y aventureros para que busquen a estos conocedores y les compren sus conocimientos por sumas de dinero en general ridículas, los cuales luego reelaboran en condiciones de laboratorio y patentan. No solo eso, sino que el maíz que nos comemos todos los días es resultado del conocimiento y trabajo de selección y resiembra realizado a lo largo de casi un milenio por los conocedores de esos mismos pueblos. Ha sido solo sobre esta base de conocimiento, selección y adaptación que a partir especialmente de la segunda mitad del siglo XX se comenzó a trabajar en laboratorios para mejorarlo y desarrollar nuevas variedades. Todo esto esta mas que documentado en la literatura especializada. Todo esto implica producción de conocimientos, pero resulta que todavía hay quienes lo califican de superchería o seudo-ciencia. Curiosamente es en particular sobre este último punto que argumenta el texto que adjunte a mi mensaje anterior (disponible en http://www.globalcult.org.ve/doc/mato/PonenciaALAA.pdf), en términos de diversidad de contextos sociales, de prácticas intelectuales y de producción de conocimientos.
Apreciado colega y espero que algún día amigo, como decía en mi mensaje anterior, me parece que quienes nos dedicamos a eso las llamadas ciencias sociales tenemos un largo tiempo propiciando que quienes se dedican a las ciencias generalmente autodenominadas "duras", "básicas" o simplemente "ciencias" (así, centrales, sin necesidad de adjetivos) revisen un poco algunas rigideces de su visión del mundo y de la ciencia, o al menos que lo hagan mas de ellos, pues algunos ya lo han hecho. Por favor permítame invitarlo amigable y positivamente a revisar esa visión que ha expresado en su mensaje anterior (después de todo, tal vez no pueda "validarla", asi que podría ser científicamente apropiado cambiarla). De este modo podrá propiciar una apertura y un debate sobre la idea de ciencia. No es ese especialmente mi campo. No me estoy auto-postulando como orador de orden, ni como maestro. Es si un tema que me interesa y ocupa en tanto investigador, como creo que nos debe ocupar a todos los investigadores, seamos del campo que seamos.
Algo mas, a juzgar por su respuesta y por algunas adhesiones expresadas a la misma, parece que Ud. y esos otros colegas no pueden dejar de ver este importante y necesario debate un tanto atrapado en la coyuntura política nacional y en particular las relaciones entre el gremio y el MCT, y mas aun en las políticas del MCT. A propósito debo señalar que tal vez mi actitud al respecto sea distinta al respecto porque, como colega de ciencias sociales ya he experimentado que mis proyectos de investigación no quedaban comprendidos en las prioridades del CONICIT, o mas aun que mis criterios acerca de la extensión de las ponencias y los tiempos de exposición no se adaptaban a los formatos prescriptos por ASOVAC, o incluso a que los criterios de valoración originalmente establecidos por el PPI me parecieran inadecuados para el tipo de investigación en antropología y sociología que para la época realizaba (aun cuando pudieran aceptarlos otros colegas de ciencias sociales que practicaban modalidades de investigación mas afines al así llamado "método científico. Será tal vez por eso, o será tal vez porque me parece que nunca es buena idea auto-paralizarse en una coyuntura o contexto, o tal vez porque definitivamente porque hay temas que trascienden cualquier coyuntura o contexto. Por los motivos que sea, pienso que debemos ser capaces de tratar este y otros temas con visiones que trasciendan la coyuntura, y lo invito e invito a todos los colegas a que así lo hagamos. Son debates muy importantes, que además tienen lugar en muchos otros países. Mientras tanto, muy modestamente me permito invitarlo a leer mi texto sobre este tema (el del "vinculo" que pegue mas arriba). Estoy a la espera de la publicación de otro texto mío sobre este tema, en el cual desarrollo y argumento mas esas ideas. Le prometo que en cuanto aparezca se lo enviare. Le invito a vencer prejuicios y leer un texto producido por un colega de eso que llaman "ciencias sociales", alguien que, aunque no se haya formado en laboratorios, tiene al igual que usted un doctorado, que al igual que usted ha reunido meritos para ser calificado en el nivel IV de nuestro SPI, que ha sido invitado a dar clases de doctorado en universidades de varios países, etc. entre otros indicadores de ser respetuoso de las reglas del juego de la institucionalidad académica que no viene al caso comentar acá. Ande, anímese haga la prueba, tal vez no se decepcione, tal vez encuentre nuevas luces para su propio trabajo. Pruebe. Hágase preguntas que tal vez antes no se había hecho, eso es lo que se supone que debemos hacer los investigadores y lo que debemos estimular a que hagan nuestros estudiantes y tesistas y resulta que por lo que puedo apreciar en los e-mail usted es una referencia para mucha gente, eso es toda una responsabilidad.
Antes de despedirme, quisiera aprovechar para adelantar otro tema para los necesarios intercambios: Debo decir que también difiero con su apreciación de que "la ciencia, siempre es buena pero muchas veces tiene malos intérpretes. Alguien inventa el automóvil para comunicarnos más eficientemente y otros lo utilizan para atropellar a sus enemigos." Difiero porque pienso que el problema es bastante más complejo que un mero asunto de buenos y malos. No me extenderé ahora en esto, pero básicamente el punto es que en mi modesta opinión la formación de "científicos" debería incluir un importante componente de ética, filosofía, sociología del conocimiento y sociología de la ciencia...ah y desde luego acera de políticas de ciencia y también de economía política y relaciones internacionales de la ciencia. Tal vez de este modo evitaríamos que tantos "científicos" "buenos" trabajen al servicio de la producción de armas y en particular de armas de destrucción masiva. ¿No le parece? Pero bueno, ese es otro tema. Por ahora solo pretendo que aceptemos que el asunto es complejo y no uno meramente de "buenos" y "malos".
Agradezco el tiempo que usted y tal vez otros colegas se hayan tomado para leer mis palabras.
Me despido con un saludo afectuoso,
Daniel

Visibilidad y promoción social de la ciencia

Luís Oquendo
Supongamos que estamos en los comienzos de la historia de la humanidad, donde el hombre sólo tenía como medio de comunicación social la palabra oral y, por lo tanto, todo el conocimiento pendía de la palabra, al igual que el nuevo objeto construido, la medicina para la fiebre tifoidea, sanar las heridas en el cerebro en diez o veintes valerosos guerreros, que habían estado combatiendo contra los bárbaros que les habían capturado a sus mujeres; también había neumonías y bronquitis por efectos de los bruscos cambios climáticos; había niños, niñas, hombres y mujeres mordidos por serpientes venenosas que pululaban, igual que la hierba entre los bosques del trópicos y las montañas glaciares. La palabra escrita aún no había aparecido, como tampoco ningún icono, ni signo lingüístico; el hombre estaba en una etapa digamos con las entrecomillas del caso en una etapa bastante “rudimentaria de comunicación social”. No existía el dibujo, ni los jeroglíficos; la única comunicación era la palabra oral. Pero un día, el hombre descubre el fuego, al otro día piensa en la necesidad de inventar la electricidad, y ese hombre inventó la electricidad y logró alumbrar la cueva donde él y su familia se guarecerían del frío y de los animales salvajes. Pensemos un momento cómo haría ese hombre para llevar la electricidad a otros poblados distantes no sólo en días o semanas sino en meses porque el hombre aún estaba en la etapa de la “rudimentaria comunicación social”.
Sé que en esta brevísima historia he realizado saltos de gansos en la historia, pero estos mismos saltos nos permitirán descubrir que ese hombre de la oralidad que lleva, transporta, de generación en generación el saber a través de la palabra que escucha, la palabra oída, produce un conocimiento cuya forma de trasmitirlo, comunicarlo, lo trueca. El hombre de la oralidad hace unos cambios a esa planta eléctrica, cambios que no son ciertos, porque había escuchado bombilla y era bobina, también escuchó conector y era interruptor. Los canales de comunicación en la oralidad se pasan de un extremo a otro, se alteran. Recuerden que estamos antes de la edad de los metales donde la creación artística hizo su hito, pero, por favor, borremos esta etapa de la historia y contentémonos con la invención de la electricidad por el hombre anterior al Neandertal. Este mismo hombre puede ser el inventor de una tecnología como la ingeniería biológica, creador de injertos vasculares. El asunto está en como llegaría este hombre a la obtención de estos conocimientos donde hay la participación de un conjunto de saberes. ¿Lo podrá obtener en una cultura de la oralidad? De igual manera podrá una cultura de la oralidad construir un método científico, entendiendo este en el sentido popperiano”...no en la manera como se descubre sino el procedimiento mediante el que algo se fundamente” (Popper, 1998:47)
No es que esté en contra de la cultura oral, (de esta me he apoyado en todos mis artículos y tesis de maestría y doctoral), pero esta tiene un escalón en la historia de la globalización en la cual estamos inmersos. La cultura de la vasta mayoría de la sociedad venezolana es oral. La Misión Robinson ha puesto a deletrear a unos cuantos y no entraré en querellas sobre el asunto. La Misión Ribas condujo a un alto grupo de excluidos a obtener el Título de Bachiller y hoy han ingresado a las distintas universidades del país. Sin embargo, estos que eran excluidos del sistema escolar siguen excluidos de la comunicación tecnológica, la cual constituye hoy el vehiculo para hacer ciencia, e inventar desde los más diminutos aparatos hasta el remodelaje de una turbina. ¿Cómo masificar la ciencia, si los obreros de nuestro país que salen de las fábricas los viernes, o los quinces de cada mes y se dirigen a un cajero automático y no conocen cómo tener entrada en un sistema electrónico, simplificadísimo para su uso? Y aquí no cabe ningún comentario de torpeza, la única observación es que no leen, no hay cultura de lectura, ni siguiera de las más mínimas instrucciones. Podemos alcanzar la propuesta del MCT Modelar una nueva cultura científica y tecnológica que aborde la organización colectiva de la ciencia, el diálogo de saberes, la integralidad, la interdisciplinariedad y la participación de diversidad de actores en el ámbito del desarrollo científico-tecnológico del país, con la finalidad de alcanzar mayores niveles de soberanía, con una acción de convocatoria masiva de actores, aunque esta no es la única propuesta de la Misión Ciencia, el “diálogo de saberes” se construye con actores que tengan entronizada la lectura como único medio de la modernidad para entrar en la competencia del saber. ¿Quienes tendrán acceso a la visibilidad y promoción social de la ciencia?, Aunque la respuesta es banal, sólo aquellos que tengan hábitos de lectura y escritura. La sociedad de la escritura no la podemos quitar del camino en el cual va la historia de la humanidad; la cultura de la oralidad tiene otras orientaciones, no menos válidas y de alto valor humano, pero no conducen a la construcción de episteme en la ciencia del mundo de hoy, de lo contrario a Newton y a Galileo le hubiesen derrumbado los paradigmas mucho antes de la invención del telescopio y de otros aparatos que han sido producto de la tecnología mecánica e informática.
De lo anterior caben algunas preguntas: Hay en los programas de educación del país, planes para promover desde el aula tecnología popular como la que hiciera Zambrano quien “Ideó peladoras de zanahorias, de fresas, clasificadoras de ajos, moledores de café”. ¿Reciben nuestros docentes de nivel básico y secundario cursos para fomentar en ellos mismos la tecnología, y por qué no “Tecnología Educativa”?. Cuál es la cultura de la tecnología exponen nuestros docentes?
Estoy seguro de que nuestros indígenas que han vivido por centenares de años en las riberas del Orinoco y fueron, y han sido vigilantes del sistema ecológico amazonense, pero hoy la cultura depredadora ha venido desbastando el ecosistema de las riberas del Orinoco donde al vigilante milenario lo desplazaron, no tienen cabida para contrarrestar el daño que le han causado a las riberas del Orinoco. Teniendo esto en consideración, al momento de evaluar los corredores ribereños del Orinoco en la conservación de la biodiversidad, siendo los niveles naturales de inundación y la heterogeneidad de factores importantes en sustentar la biodiversidad de los ecosistemas ribereños. Esto último, debe ser realizado por ingenieros, biólogos, ecologistas, es decir, un equipo multidisciplinario, lo cual requiere no sólo un “saber” sino una manera de “saber aplicando saber”, donde haya voluntad de trabajo, en el sentido que la acción que realiza el tecnólogo forme parte del programa de su vida. El científico, el hacedor de ciencia, de tecnología, sea popular o de la más sofisticada, tiene como dirección en su vida cotidiana, el placer de crear, de inventar; el mismo Zambrano lo dijo en alguna de las entrevistas que le hicieron.
Pero hoy, aunque no queramos, estamos en un mundo globalizado donde el tren de la modernidad nos ha instalado, y no hay vuelta atrás. Me pregunto, ¿hubo en la sociedad hipotética, la del Neandertal que comenté, una filosofía científica? Indudablemente que la respuesta sería una carcajada o una torcedura de la cara; ni siguiera en los PPI de nuestra universidades hay una cultura que se haya volcado a elaborar una filosofía científica, lo cual conduciría a una demarcación de la ciencia y a modelar una nueva cultura científica y tecnológica que aborde la organización colectiva de la ciencia.
¿Cómo modelar una cultura científica y tecnológica, no solamente porque no leemos, ni haya actitud lectora, sino porque nuestras universidades carecen de espacios e instrumentos para la lectura del saber de hoy?
La cultura de la lecturalidad, del debate de ideas, de la participación democrática en la contrastación de los diálogos de los saberes, hacia acá debe dirigirse la Misión Ciencia; nuestras universidades son espacios de diálogos solitarios, sin una cultura del diálogo académico.
La Misión Ciencia no ha construido en su planificación un flujograma donde se perciba la participación del Ministerio de Educación Superior a través de las Universidades Nacionales. La MC actúa como actor –agente en su programa, pues su consideración es la que apuntaba Giordani (1996:284) “…un ente que decide y actúa, donde la acción es en cierto sentido una consecuencia de las decisiones del actor”, es decir, la muerte del sujeto social. Obvia la MC las estrategias de planificación insertadas en un contexto real, concreto. No hay arreglos a fines en la acción que adelantan los actores. Estos se confunden de acuerdo a la presentación de la MC con el Estado, pero el Estado es una concreción real donde participan unos sujetos que si bien conviven, no todos son portadores de la misma ideología y, que han tenido alguna contribución, no por eso los podemos desechar, anularlos. La convivencia de las ideologías en una política de planificación científica convierte a los flujogramas, con los cuales se elaboran lo que sí sería LA MISIÓN, en el espacio de la voluntad política de la planificación donde podría elaborarse el perfil de las distintas voluntades administrativas que participan en los planes y programas que constituyen el órgano de una planificación.
Las voluntades no son actos espontáneos, se construyen. La construcción de voluntades se alcanza en las sociedades donde el pueblo a través de sus actores ha entrado al mundo de la ciencia porque hay unas redes que ‘atrapan’ en el sentido de la pasión que tiene la palabra entrecomillada aquél y aquellos sujetos que han hecho del diálogo de la ciencia su forma de vida.

Consideraciones de Felix Tapia en el marco del debate sobre la Ciencia (cerrando con su alocución durante la Convencion Anual de AsoVAC, 2005)

Felix J. Tapia
Al igual que el profesor Daniel Mato, celebro este intercambio de ideas acerca de la Ciencia, motivado por las eficientes flechas de mi amigo Klaus Jaffé.
Mi profesor de apreciación musical decía que no hay mala música sino malos intérpretes. Así es la ciencia, siempre es buena pero muchas veces tiene malos intérpretes. Alguien inventa el automóvil para comunicarnos más eficientemente y otros lo utilizan para atropellar a sus enemigos.
Hablar de ciencia dura y pretender que la otra es blanda es absurdo, como también lo es, hablar de ciencia pertinente como si la otra no lo fuera o fuese impertinente. En cambio, sí consideramos que la ciencia y sus productos son el conocimiento sistemáticamente construido (es decir, organizado, analizado y validado) y atesorado por la Humanidad. La validación de este conocimiento es lo que diferencia a la ciencia (dura o blanda, blanca o negra, oriental u occidental, IV o V) de la seudo-ciencia y la superchería.
Para finalizar quiero invitarlos a leer a continuación mis palabras en el Acto Inaugural de la recién pasada Convención Anual de AsoVAC, donde expuse algunas de nuestras ideas con respecto a la ciencia y nuestro querido país:
LV Convención Anual de AsoVAC. Palabras de Felix J. Tapia, Presidente de AsoVAC. Acto Inaugural. Domingo 20 de noviembre de 2005

"Como funcionario público debe dar la siguiente aclaratoria o 'Disclaimer': Juro que todos lo que voy a decir es mi opinión y posición personal enriquecida con la ayuda de mis amigos y experiencia en AsoVAC, y en ningún momento representa la posición oficial del Gobierno de la República Bolivariana de Venezuela.

Debemos estar claros que la Ciencia y la Tecnología no ha podido solucionar algunos de los grandes problemas de la humanidad como el hambre y las injusticias sociales. Algunos preguntarían si estas son funciones de la ciencia. Es muy común argumentar que los grandes problemas de la humanidad son de índole político, como si al decir esto, los problemas no tuvieran nada que ver con los investigadores. Los individuos de ciencia deben cuestionarse diariamente su contribución a la sociedad, y no contentarse con el papel de simple registradores de la realidad. En este sentido, AsoVAC considera como un deber el fomentar la discusión de posiciones políticas frente a los problemas de la sociedad. Ese ha sido nuestro objetivo y fue la intención con el lema de esta LV Convención Anual de AsoVAC. Consideramos que debemos tomar posiciones y dejar de ser espectadores.
En AsoVAC siempre hemos creído que la C y T conforman las herramientas fundamentales para que las naciones periféricas salgan de la pobreza y el atraso. Por más 50 años, la AsoVAC ha participado en la promoción de la ciencia en el país, viendo crecer la aldea científica y celebrando sus logros, y a veces, muchas veces, deprimiéndonos al ver como la C y T fueron y son sólo puntos decorativos en las memorias o discursos de nuestra clase dirigente.
Hoy la realidad es distinta, la C y T es parte importante del discurso oficial del Gobierno revolucionario. Sin embargo se habla hoy de una C y T prioritaria, pertinente que se avoque exclusivamente a la solución de problemas locales o regionales. En esto debemos estar alerta y no caer en soluciones dogmáticas, muy buenas para ejercer política pero muy malas para ejercer buena ciencia.
Quienes hablan precisamente de una ciencia pertinente para nuestros países son las naciones desarrolladas. Sus organismos financieros incitan a una ciencia aplicada con proyectos operacionales. Si los productos de la ciencia no se pueden 'empaquetar y vender' no reciben financiamiento de organismos internacionales como el BID y el Banco Mundial. Así como sucedió con la industria siderúrgica, donde las cabillas y no el hierro crudo pasaron a ser la materia prima. Se nos obliga a la 'aplicación' de una C y T cuyo principal objetivo es lograr la venta de insumos producidos por los países industrializados como equipos, vehículos, medicamentos, células, especies vegetales y animales transformadas, etc. Un sistema perverso que no sólo logra el endeudamiento financiero de nuestros pueblos, sino también el endeudamiento intelectual.
Pero la solución no está en atacar o ignorar a la ciencia básica o dura. Como decía Carl Sagan, 'para enfrentar los abusos que se hacen con la C y T, necesitamos conocer muy bien las herramientas de la C y T para poder atacarlos'.
Un país petrolero como el nuestro no puede tener un discurso conservacionista furibundo, como el de los grupos Verdes europeos, sino que debe mostrar como se puede hacer un manejo adecuado de los recursos naturales y humanos. Un ejemplo de esto es el discurso oficial sobre los productos transgénicos, a los que muestran como producto de la creación del propio demonio. Debemos mirar a países como Argentina, Brasil y a la misma Cuba que utilizan la transgénesis para mejorar sus consumibles vegetales y animales. Tal como hicimos en la IV República con herramientas menos sofisticadas para mejorar todos los ingredientes de la cesta alimentaria venezolana.
Así pues, nuestros países no pueden abandonar la educación de sus pueblos, y menos aun la incorporación de C y T como herramientas para el desarrollo. Venezuela no puede perder la inversión realizada en los últimos 50 años, donde logró la institucionalización de su C y T, creando modernas y democráticas estructuras y fomentando la creación de una pequeña, pero considerable planta de investigadores.
Ignorar, prescindir de los científicos venezolanos es en el mejor de los casos, una agresión contra la inteligencia de nuestro pueblo y en el peor un descomunal despilfarro. Es como colocar una reja en lugar de un mural de Cruz Diez. Si la idea es fomentar otras áreas del conocimiento u otras prioridades, el Estado debe ofrecer mejores cestas financieras, mejores condiciones de trabajo en áreas de interés nacional. Sin censura, sin camisas coloradas, en libertad, en democracia participativa.
La tarea no es fácil. Nuestros países sufren los males del subdesarrollo y del desarrollo. Los investigadores venezolanos deben cambiar y utilizar sus asociaciones como AsoVAC y las sociedades científicas, para orientar el debate nacional y salvar nuestra espuria C y T, promoviendo, en un clima de libertad, una ciencia que involucre a más venezolanos.

Los investigadores deben convencer al resto de la sociedad de la importancia estratégica de una ciencia propia, por razones tan simples como la sola formación de individuos pensantes o para aportar soluciones a problemas específicos de nuestro país. Convencer a sus impares, como los llamaría Ignacio Avalos, de que la C y T es la mejor herramienta conocida para mejorar la calidad de vida de un pueblo. Los científicos deben identificar y señalar las áreas de competencia para fortalecerlas y ampliarlas.
El Estado venezolano no puede aplicar los esquemas de los países nórdicos, donde el interés en C y T tiene, en la mayoría de los casos, un objetivo comercial. Pero tampoco puede copiar esquemas de un socialismo dogmático.
Venezuela debe estar consciente que el subdesarrollo es armónico, y que por mas esfuerzo que se hagan en un sentido, los mismos serán minimizados o sepultados por no formar parte de un proyecto de país que involucre a todos los venezolanos.
Con respecto a AsoVAC, mi querida asociación, sufre los males de muchas instituciones venezolanas donde la forma de las cosas es más importante que el fondo, siempre hundida en las palabras, elaborando y apegándose a diagnósticos, reglas y estatutos, y nunca atendiendo los cambios externos. Vivimos apegados al pasado glorioso, contentos con las migajas del pasado sin importarnos la ruina de la casa.
AsoVAC debe cambiar sin tumbar la casa, por el contrario, construyendo una más fuerte. AsoVAC debe fomentar el debate nacional para salvar que tenemos en C y T, y promover una ciencia que involucre a más venezolanos. Como una buena madre, AsoVAC debe permitir el crecimiento y modernización de sus programas, y no debe por encima de todas las cosas abandonarlos. Debemos fomentar los cambios e instrumentar su evaluación. En fin debemos adecuarnos, y utilizar el método científico para propulsar la autocrítica. En este sentido, desde la Presidencia queremos impulsar en el primer año una evaluación de los estatutos y reglamentos de nuestra asociación. Igualmente, y por sugerencia de varios investigadores, ayudaremos a fomentar una reunión que discuta con seriedad el Plan de C y T propuesto por el MCT para el lapso 2006/2030.
Quiero reconocer que lo bueno de esta LV Covención Anual se debe al trabajo fundamental de cuatro personas desde AsoVAC: Ricardo Ríos, María Teresa Arbeláez, Claudio Mendoza y nuestra coordinadora ejecutiva Haydee Cretarolo. Además quiero dar unas especiales gracias al rector Antonio París por su apoyo incondicional. Las mismas son extensivas al Decano José Subiri, a José Domingo Mújica y el resto de la Comisión Académica, a Carlos Yanes y el equipo de apoyo de la Facultad de Ciencias.
En un punto aparte, quisiera agradecer la gallardía y siempre buen espíritu de mi contendor en la Presidencia de la AsoVAC, el doctor Luis Mata Guevara.
Para finalizar brindo un homenaje a Albert Einstein en los 100 años de su Relatividad repitiendo su máxima "Todo lo que relevante e inspirador es creado por individuos que trabajan en libertad"

Muchas gracias.
Felix J. Tapia

¿DIJO USTED “CAMBIAR”?

Rigoberto Lanz
“Queremos cambiar el mundo”…cuántas veces se repitió este estribillo en todos los idiomas, en todos los rincones del mundo, en todas las épocas. “Cambio”: no hay palabra más afortuna en el léxico de las sociedades. Si de “cambiar” se trata puede usted contar, a buen seguro, con la entusiasta declaración de cualquier persona en todos los estratos de la sociedad.
Hay la sospecha de que este término está hueco y que, en verdad, no quiere decir nada, o lo que da lo mismo: quiere decir cualquier cosa. De allí los innumerables esfuerzos por colocarle un apellido: “cambio político”, “cambio cualitativo”, “cambio de sistema”, “cambio revolucionario”. Lo cierto es que por intentar “cambiar” –lo que sea—hay mucha sangre dejada en el camino. Eso es lo paradójico: si se trata de un asunto tan espúreo, ¿cómo es que tanta gente se hace matar para logar ciertos “cambios” y otros hacen lo mismo para evitar que las cosas “cambien”?. Algo extraño ocurre aquí. Parece que no es tan neutro eso de que un puñado de hombres y mujeres emprendan la cruzada de una transformación de la sociedad donde viven.
Tinta a borbotones ha corrido para debatir sobre las “teorías del cambio”. Las hay para todos los gustos. De hecho muchas Escuelas de Sociología en el mundo estructuran sus planes de estudio alrededor de las “teorías del cambio social”. El relevo lo han tomado las teorías gerenciales con la idea-fuerza de los “cambios organizacionales”. En el fondo retumba desde lejos la misma inquietante pregunta: ¿Cómo lograr transformaciones efectivas en una sociedad?
Lo anterior viene a cuento a propósito del planteamiento central de la “Misión Ciencia”: cambiar el paradigma de ciencia y tecnología con el que se ha funcionado en el pasado. ¿Qué significa este planteamiento? ¿Qué implica cambiar un paradigma? Es fundamental esclarecer estas preguntas porque en ellas se condensa muy nítidamente lo que puede ser en Venezuela el establecimiento de un nuevo modelo de gestión científico-técnica montado sobre una transformación radical de las bases epistemológicas y culturales de los viejos modos de producción de conocimiento.
Justamente, esta preocupación por el contenido sustantivo del tipo de ciencia y de técnica que se desarrollan en el país se plantea de entrada que no es suficiente con “aplicar” un arsenal preexistente de tecnologías ni de “aumentar” el gasto en este sector para encarar en serio la cuestión del desarrollo ecológicamente sustentable y socialmente pertinente (así como tampoco la cuestión es sólo “aumentar” el consumo cultural o el acceso a la educación sin preguntarse, al mismo tiempo, sobre el contenido y la naturaleza de eso que estamos llamando “cultura” o “educación”). La “Misión Ciencia” no puede contentarse con “ampliar” la cobertura de sus programas o con “aumentar” el número de actividades que se realizan desde el MCT. Hay muchísimo más que esos. Habrá desde luego un gran impacto desplegado en áreas ya trabajadas en las políticas públicas de ciencia y tecnología que vienen desarrollándose en todos estos años. Pero lo más importante es el giro en las orientaciones de esas políticas, los nuevos horizontes de su sentido social, las concepciones que le sirven de base, su articulación con las transformaciones de fondo que están en juego en todas las esferas de la sociedad.
Son justamente esos los cambios más complejos que están en la agenda de hoy. Son esos cambios los que justifican el empeño que hoy se pone en dotar de otros contenidos lo que se nombra con las palabras convencionales de “ciencia” y “tecnología”. Estamos usando una terminología de empleo corriente para nombrar procesos enteramente nuevos, para caracterizar relaciones inéditas, para identificar prácticas y discursos que pertenecen a otros paradigmas epistemológicos, a otra cultura, a un nuevo modelo se sociedad. Es comprensible por ello que a primera vista cueste mucho detectar “por dónde van los tiros”, apreciar qué es lo que está en juego más allá de las apariencias, calibrar en su justa medida el sentido de decisiones puntuales que por sí solas no dicen mucho.
La “Misión Ciencia” se enfrenta a muchos desafíos en eso de querer cambiar las concepciones sobre el conocimiento, las visiones tradicionales sobre “la verdad”, las ópticas convencionales sobre el “progreso” y en torno a los saberes populares. Cambiar la mentalidad de los científicos modernos, de los profesores de ciencia o de los gestores en este campo es una labor complicadísima que puede implicar costos humanos y políticos muy altos. Pero es claro que sin esos cambios (por muy progresivos y concensuados que sean) la “Misión Ciencia” estaría hipotecada en su sentido más profundo. Ello quiere decir que aparecerán obstáculos y tensiones en todos los niveles. Hay que estar claros en los intereses que se están tocando, en las ideologías que se ponen en cuestión, en las incomprensiones que se derivan de las ópticas tradicionales sobre el quehacer científico-técnico.
El mundo de hoy está inaugurando nuevas formas de concebir el conocimiento. Venezuela es sólo un eslabón en la mundialización de una nueva agenda que ha roto los viejos paradigmas. La “Misión Ciencia” es una política pública que engancha con una onda internacional que se expande progresivamente. Ese clima ayudará a vencer las resistencias que están ya a la vista. Pero los cambios que están planteados reclamarán una voluntad muy firme de la dirección política de ese proceso, de su liderazgo ético-intelectual, de la gente cuyo compromiso es en fin de cuentas con el sueño de construir otro modo de vivir.

DEBATE SOBRE LA CIENCIA I

Daniel Mato
Celebro que la lista de ASOVAC nos esté sirviendo para intercambiar ideas acerca de la idea de ciencia, sus formas de institucionalización y sus relaciones con otras formas de producción de conocimiento.
Para quienes trabajamos en investigación social reflexionar y debatir sobre este tipo de problemas es una práctica regular y permanente. Generalmente nuestras reflexiones no han despertado mucho interés entre los colegas que practican esas otras formas de producción de conocimiento que algunos llaman ciencias naturales, otros ciencias experiementales, otros "ciencias duras" (sugiriendo que las otras serían "blandas") y otros simplemente "ciencia", asumiendo que la suya es "la forma" de hacer ciencia por excelencia.
En líneas generales, para quienes desarrollamos investigación sobre fenómenos sociales (en general y no sólo en este mensaje, eludo utilizar la expresión "ciencias sociales", precisamente por la carga de cierto sentido que acarrea la palabra "ciencia") la idea de que "La ciencia se hace en los laboratorios e instituciones académicas, no en la calle" resulta una idea muy limitada y limitante. Esto es así precisamente porque el tipo de saberes que se produce desde disciplinas como la antropología, la sociología, las "ciencias" de la comunicación, la geografía social, la historia, etc., en general --hay excepciones-- no surge del trabajo "en" laboratorios, ni "en" instituciones académicas. Desde luego, en el amplio campo de las llamadas ciencias sociales y de las humanidades hay diferencias y debates y hay gente que trabaja exclusiva y/o predominanemente en laboratorios y "en" (dentro) de las instituciones académcias. Pero junto a esas existen otras modalidades de producción de conocimientos que según los casos tienen lugar fuera de esos marcos, aun cuando puedan partir de teorías y métodos que han sido desarrollados "en" o "desde" instituciones académicas. El caso es que cuando una/o hace investigación de campo (modalidad que según las disciplinas resulta más o menos importante y que en el caso de la antropología, especialmente la social y/o cultural, es la forma predominante) una/o se ve rápidamente forzado a reconocer y valorar la importancia de otras formas de producción de conocimiento, precisamente aquéllas que de manera genérica o metafórica puede llamarse "en" o "de" "la calle". Es cierto que si esta última expresión es interpretada literalmente resulta marcadamente urbana y --dentro de las ciudades-- resaltadora del espacio público. Pero entiendo debe interpretarse en el sentido amplio de designar todo aquello que ocurre fuera de las instituciones académicas, incluyendo por ejemplo, agrupamientos humanos de todo tipo (incluyendo pueblos indígenas), organizaciones sociales, organizaciones productoras de bienes materiales o servicios (ubicadas en ciudades o en el ámbito rural), etc.
Así las cosas, muchos de quienes nos dedicamos a la investigación social hemos aprendido a reconocer la importancia y valor de esas otras modalidades de producción de conocimientos, a criticar las ideas canónicas de "ciencia" y "método científico" y a transitar el difícil camino de trabajar reconociendo que la diversidad de contextos en los cuales los seres humanos desarrollamos nuestras vidas y nuestras prácticas productivas (sea de "saberes" especializados en espacios aislados de "la calle", o de otros tipos de bienes y servicios) de manera articulada con los diversos tipos de prácticas e intereses que orientan estas prácticas, de lugar a diversos tipos de saberes. Así como a comprender que en éste, como en otros ámbitos de la vida, es necesario reconocer y valorar las diferencias y propiciar y elaborar el enriquecimiento mutuo que la existencia de estas diferencias potencialmente permite. A esto suele llamársele comunicación intercultural, entendiendo que las "diferencias culturales" no se limitan a aquellas que corresponden a las diferencias étnicas, sino que también pueden ser significativamente asociadas, por ejemplo, a diferencias entre disciplinas académicas, saberes profesionales y ocupacionales, géneros, edades, etc., factores que según lo que se busque conocer resultarán, según los casos, más o menos relevantes.
Ahora bien, dicho lo anterior tampoco es necesario, y a mi modo de ver ni siquiera apropiado o conveniente, calificar de "ciencia" o de "científico" a todo tipo de saber o conocimiento. El saber científico tiene ciertas características propias de la institucionalidad en cuyo marco se produce, las cuales a la vez marcan los límites de su importancia, validez y utilidad. El problema radica en que frecuentemente las instituciones científicas y/o sus voceros asumen y proclaman que este tipo de saber es --según los casos-- el único verdadero o valedero, o al menos el más verdadero y valedero. En realidad el problema más grave no es que esas instituciones y voceros crean eso, el problema es que esto también lo cree mucha gente que no forma parte de esa institucionalidad, porque la idea de "ciencia" se ha hecho hegemónica y más en particular ciertas ideas de ciencia se han hecho hegemónicas, como por ejemplo aquellas que automáticamente asocian ciencia con laboratorio.
En fin, el tema es complejo y la discusión extensa, incluso hay abundante bibliografía al respecto. En cualquier caso me pareció conveniente valorar esta discusión y propiciar que la demos de maneras menos coyunturalistas y personalistas. El debate sobre la idea de ciencia es necesario e importante, y esto no sólo en nuestro país, ni sólo en esta coyuntura histórica. Ojalá podamos instalarlo como debate entre nosotros y especialmente en el seno de ASOVAC, nuestras universidades, el MCT y la Misión Ciencia.

Por si hubiera interesados les envío el vínculo al archivo de una ponencia que escribí recientemente sobre el tema para presentarla en el 1er Congreso Latinoamericano de Antropología (julio de 2005), se titula: "Diversidad de contextos, de prácticas intelectuales y de saberes: Reflexiones conceptuales y sobre la (modesta) experiencia intercultural de nuestro Programa en la Universidad Central de Venezuela":
http://www.globalcult.org.ve/doc/mato/PonenciaALAA.pdf
Saludos amistosos,

Daniel Mato

No hay saber “universal”, la colaboración intercultural en la producción de conocimientos es imprescindible

Daniel Mato

Este escrito forma parte de una publicación más extensa, constituye la Introducción del artículo publicado en la revista Yachaykuna por este autor.

Las referencias a la presunta existencia de dos clases de saber están a la orden del día en diversos ámbitos, en algunas ocasiones estas son explícitas, en otras son implícitas, pero allí están. Uno de los propósitos de este texto es evaluar críticamente esta manera de ver el tema de los saberes y la producción de conocimientos.
Según esa manera de ver el tema, una de estas clases de saber correspondería a “la ciencia”, como modo de producción de conocimientos, y al “conocimiento científico”, como acumulación de conocimientos producidos “científicamente”, referido según los casos a una disciplina “científica” en particular o al conjunto de ellas. Frecuentemente suele asumirse, cuanto menos implícitamente, que este tipo de saber tendría validez “universal”; es decir que resultaría verdadero y aplicable en cualquier tiempo y lugar. En el marco de esa manera de ver, o visión del mundo, la otra clase correspondería a una amplia diversidad de tipos de saber, es decir de modos de producción de conocimiento y sus resultados, a los cuales, en contraposición con los de la otra clase, suele caracterizarse, según los casos, como “étnicos” o “locales”, en cualquier caso como saberes particulares, es decir “no-universales”. De este modo, se habla por ejemplo de “conocimiento local”, o también de “etno-ciencia”, lo problemático de estas denominaciones es que ambas reafirman la centralidad de “la ciencia” como “el” modo por excelencia de producción de conocimiento, tal que no necesita de adjetivos (“local”) ni prefijos (“etno”).
Dentro de tal visión de las cosas, suele asumirse que los diversos tipos de saber agrupados bajo esta segunda clase sólo tendrían validez y aplicación “local”, al menos hasta tanto sean validados con los métodos propios de “la ciencia”. Un ejemplo de esto último es la evaluación y validación de conocimientos “étnicos” y otros “locales”, sobre aplicaciones terapéuticas de especies vegetales, mediante métodos “científicos”, a lo que, dicho sea de paso, suele seguir su apropiación y patentado por instituciones “científicas” y/o laboratorios farmacéuticos.
Esta forma de ver la producción y validez de conocimiento, dividida en dos mundos en la cual uno de ellos es poseedor de verdades absolutas, es tan antigua como el credo en la superioridad de la civilización occidental, que, en su marco, sería la generadora y poseedora de tal saber pretendidamente “universal”. Esta contraposición entre un saber supuestamente “universal” y otros “locales”, o “particulares”, se ha visto incentivada en las últimas décadas por la creciente frecuencia e importancia de las relaciones entre actores sociales que desarrollan sus prácticas a escala planetaria (global), o en algunos casos continental o regional, y los que las desarrollan a escalas más “locales”, sean estas nacionales, provinciales, municipales o de comunidad. La creciente importancia de las relaciones de tipo global-local y de otras formas de relaciones transnacionales es propia de los procesos de globalización contemporáneos. A efectos del tema que nos ocupa, resulta necesario tomar en cuenta que estos procesos de globalización no comprenden sólo asuntos económicos, sino también otros de carácter predominantemente político-cultural, como aquellos que orientan las visiones de mundo y accionar de diversas organizaciones y movimientos políticos y/o sociales, como los de derechos humanos, indígenas, de afrodescendientes y de mujeres, entre otros.
Pero, además, el análisis de las limitaciones y consecuencias de la creencia en la existencia de un saber pretensiosa y pretendidamente “universal” y otros de validez apenas “local” resulta no sólo más necesario, sino también más factible, en el contexto de estos procesos de globalización. Esto debido a la creciente frecuencia e importancia de los intercambios entre actores sociales cuyas maneras de ver del mundo, producir conocimiento y accionar, se forman en muy diversos contextos, cada uno muy diferente de otro. Las particularidades de estos contextos pueden resultar significativas para la producción de conocimiento, independientemente de si ellas responden a factores histórico sociales propios de agrupamientos sociales específicos (por ejemplo, sociedades nacionales, comunidades, etc.) y/o a visiones de mundo y tradiciones de trabajo de carácter institucional, respecto de las cuales el “lugar” geográfico pueda parecer, según los casos, más o menos relevante (por ejemplo, un organismo internacional, una sociedad científica internacional, etc.). De un modo u otros, la colaboración intercultural en la producción de conocimientos se hace cada día más necesaria y también más factible.