"Reflexiones sobre el complejo asunto de las relaciones entre Ciencia, Tecnología y Cambio Revolucionario" (a partir del diálogo sostenido por Rigorberto Lanz y Alex Fergusson)
Gustavo Fernández Colón
1. Comparto la apreciación general acerca de la no neutralidad de la Ciencia y la Tecnología. Ya Gramsci lo intuyó cuando escribió: "en realidad la ciencia es también una superestructura, una ideología" (El materialismo histórico y la filosofía de Benedetto Croce, 1997, Nueva Visión, p.63). En consecuencia, si admitimos que una revolución implica una transformación profunda de la configuración de las relaciones sociales (de producción y de otros órdenes de la vida colectiva) o, en el lenguaje moriniano, si admitimos que una revolución es un proceso de morfogénesis del circuito metabólico que liga a la infraestructura con la superestructura, cabe esperar que las prácticas sociales de producción de los saberes científicos y técnicos se modifiquen también, sustancialmente, a la par con los cambios operados en la esfera económica, política y cultural de la sociedad.
2. La creencia según la cual el desarrollo acelerado de las fuerzas productivas, copiando al calco su particular despliegue histórico en el seno de las llamadas sociedades "avanzadas" de Occidente, es una condición indispensable para el éxito de cualquier intento de transformación revolucionaria de las naciones "atrasadas", constituye un ideologema proveniente de la defenestrada episteme moderna compartida tanto por el positivismo decimonónico como por el marxismo pre-gramsciano. Cualquier política científico-tecnológica construida sobre la base de este ideologema, terminará reproduciendo las formas de dominación colonialista imperantes hasta el presente en las llamadas sociedades "periféricas" y, en consecuencia, jamás llegará a ser una política auténticamente revolucionaria, independientemente de que sus promotores crean estar promoviendo una revolución.
3. Una transformación revolucionaria de las prácticas sociales de producción y reproducción de los saberes científicos y técnicos, implica un cambio paradigmático en el que resultarán modificados radicalmente cuando menos tres órdenes: a) el de la epistemología que sirve de fundamento a las prácticas de producción de estos saberes, b) el de la axiología que orienta los fines de la ciencia y la técnica y permite evaluar la adecuación entre medios científico-técnicos y fines sociales y c) el de los actores sociales que detentan la hegemonía en el campo de las prácticas científico-técnicas.
4. Las revoluciones son procesos complejos y multidimensionales. Y la Revolución Venezolana no está desligada del contexto mayor de las profundas transformaciones que están teniendo lugar en el sistema capitalista globalizado (infraestructura) y la episteme de la modernidad (superestructura). En ese sentido es importante percatarse de que, conjuntamente con la crisis epistemológica, hay al menos otras seis dimensiones en las que se están evidenciando puntos de quiebre del viejo orden civilizatorio y posibilidades de emergencia de “otro mundo posible”: a) La crisis ecológica que ha puesto en evidencia la dinámica destructiva propia del modelo tecnoindustrial imperante y que nos obliga a ensayar formas distintas de relación con la naturaleza en la línea del eco-desarrollo y el etno-desarrollo; b) La agudización de la desigualdad y la exclusión económicas como resultado de la extensión planetaria de la lógica capitalista y la irrupción de los movimientos sociales antiglobalización; c) El estallido del multiculturalismo en rechazo a las tendencias homogeneizadoras del imperialismo cultural euronorteamericano; c) El creciente cuestionamiento ético al sistema monopólico de propiedad y gestión de los medios de producción, como ha venido sucediendo con el debate internacional acerca de la legitimidad de las patentes; d) La crisis de la democracia representativa como dispositivo de regulación política y la emergencia de alternativas en pro de la participación efectiva de los actores sociales tradicionalmente excluidos de la toma de decisiones públicas (democracia participativa y democracia directa); f) El fin del patriarcalismo y los crecientes reclamos de la mujer y de las identidades sexuales no tradicionales por el ejercicio paritario de sus derechos ciudadanos. Seguramente esta lista es incompleta, pero al menos puede servir como abreboca para palpar el alcance de las transformaciones revolucionarias en curso.
5) En el siglo XXI, las revoluciones no pueden seguir concibiéndose únicamente como cambios en las formas de propiedad de los medios de producción. Por supuesto que estos cambios son necesarios, pero han dejado de ser suficientes si se aspira que las revoluciones signifiquen de veras una transformación profunda del orden capitalista. El fracaso del socialismo industrialista-burocrático del siglo XX ha dejado una lección irrecusable a este respecto.
6) Una política auténticamente revolucionaria en el campo de la ciencia y la tecnología (y por lo tanto no reproductora del viejo orden capitalista y colonialista), tendrá que redefinir su ámbito de competencia mucho más allá del protagonismo excluyente ejercido en la modernidad por el mercado (a la derecha) y el Estado (a la izquierda). Esta nueva política revolucionaria, si aspira de veras sortear el riesgo de convertirse en un simple cambio de nombres en la nomenclatura de la burocracia estatal o las corporaciones privadas que hasta el presente han hegemonizado la producción de los saberes científico-técnicos, tendrá que comenzar por identificar a los auténticos actores de la Revolución en curso, fuera de las filas de la burocracia gubernamental y de la burguesía nacional o transnacional adscritas a la IV o a la V República. En segundo lugar, una vez reconocidos los nuevos actores sociales y sus marcos epistémicos, éticos y socioculturales, será necesario iniciar la transferencia progresiva del control sobre los procesos de producción y reproducción de los saberes científico-técnicos, de las manos del Estado y las corporaciones privadas a las manos de las comunidades y redes sociales protagonistas del nuevo orden civilizatorio emergente. Nótese que esta “transferencia” implica mucho más que una simple democratización o difusión de la ciencia y la técnica producidas por la modernidad capitalista. Implica además (y en esto se juega su carácter auténticamente revolucionario) la posibilidad de refundar los procesos sociales de producción y reproducción de C y T sobre las nuevas bases epistemológicas y axiológicas aportadas por los actores emergentes. De esta manera, veremos surgir una ciencia y una técnica iluminadas por valores ecológicos, no depredadora y no contaminante; una ciencia y una técnica emancipadas y emancipadoras, que no reproduzcan la dinámica de dominación y exclusión propia de las relaciones sociales capitalistas; una ciencia y una técnica surgidas de la raíz de las culturas originarias, indígenas, afroamericanas, campesinas y populares de la América latina; una ciencia y una tecnología creada y gestionada equitativamente por hombres, mujeres y niños; una ciencia y una técnica que sin negarse al diálogo fructífero con los saberes heredados de la modernidad, impida activamente a las burocracias y las corporaciones arrebatarle el protagonismo en la configuración de su destino a los poderes creadores del pueblo. En fin, se trata de la enorme tarea de sustituir una ciencia de las minorías concebida para el sostenimiento del poder y la universalización de la muerte, por una ciencia gestada por las mayorías para el florecimiento de la vida y la diversidad de las culturas sobre el suelo nutricio de la Madre Tierra.
Gustavo Fernández Colón
Universidad de Carabobo.

doris mariela chiclote abanto dijo
q es laindustria
11 Junio 2008 | 12:29 AM