Alex Fergusson y Rigoberto Lanz
Las siguientes reflexiones del Prof. Rigoberto Lanz y el Prof. Alex Fergusson constituyen una parte del debate que se está desarrollando en el ámbito académico en el marco del lanzamiento de la Misión Ciencia.
1. La ciencia y la tecnología constituyen prácticas sociales. Sus temas, formas de organización y de operación, así como sus bases epistemológicas, responden al modelo político, social, cultural e ideológico de la sociedad en la cual se desarrolla. Creer que la ciencia y la tecnología son neutras, es decir, que la misma ciencia y tecnología sirven para construir cualquier sociedad o para cualquier propósito y que, en consecuencia, el problema es “cómo se usa el conocimiento”, constituye un anacronismo que solo puede ser explicado por ignorancia o postura ideológica subyacente que se teme declarar.
RL: Para mayor precisión convendría agregar que el discurso científico-técnico está doblemente impregnado de contenidos valóricos: impregnado por los contenidos ideo-culturales de una época; impregnado por los INTERESES de las clases y grupos dominantes. Esa doble marca se va a expresar en las políticas públicas, en los modelos decisionales, en la conformación de las distintas tecnocracias, en las mentalidades reinantes.
2. La comunidad científica haría bien en comenzar a enterarse que las bases políticas, sociales, culturales y epistemológicas sobre las que se construyó el aparato científico y tecnológico venezolano están cambiando y que ese proceso parece irreversible. (Basta leer los discursos y documentos emanados del MCT para saber “para donde van los tiros”).
RL: Es obvio que esas condiciones "están cambiando". Pero más obvio debería ser para el mundo de los entendidos que una revolución social (es decir: una transformación radical de la lógica que funda la sociedad) supone insoslayablemente una revolución epistemológica (es decir: una transformación radical de la lógica cognitiva que funda los viejos modos de pensar). Habría que ser bien distraído para no captar esta evidencia.
3. El Estado, principal financiador de la ciencia, ha asumido la responsabilidad de definir los términos y criterios con los cuales asignará ese financiamiento. Eso no solo es legítimo sino que así se ha hecho en el pasado y hasta ahora.
RL: Si sólo fuera cuestión del derecho que tiene el Estado (cualquier Estado) a definir términos y criterios de financiamiento no habría tanto rollo. Además de eso, lo que está realmente en juego es OTRA política pública en este campo fundada en OTRA concepción de la ciencia y la tecnología.
4. ¿Qué es lo que ha cambiado?: que ahora el Estado tiene otra ideología, otros temas y otros modos de operar. Pero también que los privilegios del financiamiento se están democratizando, que sectores marginados del aparato científico ahora tiene acceso a los fondos, que los temas privilegiados los decide la nación de acuerdo a las necesidades que el Estado establece y no quienes venían haciéndolo, es decir, grupos específicos atados umbilicalmente con los centros de poder internacionales.
RL: Hay mucho de esto desde luego. Pero no queda muy claro el significado de que "el Estado tiene otra ideología". Tal vez haya que darle una vuelta a esta imagen para afirmar que en un proceso de redefinición a fondo de la propia naturaleza del Estado también queda alterada la naturaleza de las prácticas tecno-científicas (incluidas las estrategias de acceso a los recursos para estos fines).
5. Que el proceso mata la libertad de investigación? Seguro que la acota pero no la elimina. Siempre quedan los espacios que las universidades y centros de investigación autónomos constituyen, y también los organismos externos, internacionales o multilaterales que igualmente, deciden sobre los temas a financiar y frente a los cuales nunca hemos dicho nada.
RL: La libertad de investigación debe ser tratada como un asunto sagrado, es decir, no susceptible de transacciones con gobierno alguno. Es el Estado quien garantiza la más amplia libertad académica para investigar lo que a usted le de la gana. Es el Gobierno el que impulsa su propia política en este campo y habilita Programas y Proyectos en atención a sus finalidades estratégicas. Para el ejercicio autónomo de la actividad de investigación están las universidades. Para la producción de conocimiento demandado por la función pública directa están todos los medios y sistemas que un gobierno habilita (institutos, Centros, etc.)
6. Dignificar la literatura científica nacional es prioritario, tomando en cuenta el “juego tramposo” que constituyen las denominadas “revistas internacionales” que, como todos sabemos, no siempre son tales ni tan idóneas como se nos quiere mostrar.
RL: Aquí hay que ser muy contundentes: por un lado, promover intensamente el diálogo internacional de nuestros investigadores como una condición inherente a la propia calidad y pertinencia de sus aportes. Por el otro, valorizar con mucha fuerza la producción intelectual que se genera en distintos núcleos del país que suele ser igual o de mayor envergadura que muchas vitrinas que están en el mercado.
7. La gestión de la ciencia y el diseño de un “Programa Nacional de Ciencia y Tecnología” es un problema político que compete a TODOS y no solo a un grupo de “científicos revoltosos”. Se nos está dando la oportunidad de participar en el proceso. ¿Por qué no hacerlo?
RL: Quisiera creer que se trata en verdad de "científicos revoltosos" (si así fuera, habría que celebrar la "revuelta" no importa a quien fastidie). Pero me temo que hay poco de esto y sí mucho de nostalgia de privilegios perdidos, prejuicios a montón, bastante de atraso intelectual y una mentalidad política proverbialmente neoconservadora.
8. Finalmente, ¿acaso hemos olvidado que tenemos al menos veinte años haciendo críticas a la universidad y al sistema científico venezolano —CDCH’s, CONICIT-FONACyT, SPI, PPI, Revistas, temas, etc.—?, ¿No será
hora de asumir seriamente esas críticas y quitarnos las máscaras?.
RL: Como solía decir el maestro Sartre: "Siempre es más fácil proclamar que se rechaza, que rechazar realmente". "Máscaras" hay de sobra. Hipocresía no falta. Oportunismo..."se jaya".

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