Antes de responder a variados comentarios y posiciones e incluso a preocupaciones operativas y sustantivas, vinculados con la discusión conceptual y más que eso con la discusión ideológica en la que se sustentaría la “Misión Ciencia”, ante todo ello he reflexionado atinadamente.

Causa exaltación y un grandioso interés cuando en el país se desea lanzar una misión para la ciencia. Desde ya intento deslindar, también a través del debate que se ha abierto sobre ella, de la concepción que en esta misión se intenta impregnar. De acuerdo a declaraciones de la Ministra de Ciencia y Tecnología Yadira Córdoba ya se anuncia que esta "Misión" es un instrumento de liberación. Comienzo por preguntarme ahora liberador de qué, para qué; y por qué?. Equivaldría ello también a preguntarse sobre el objetivo de una "Misión" cuyos actores deben igualmente liberarse o independizarse?, y si es así, otra vez me preguntaría de qué y para qué?. Entiendo, sin embargo, que su discurso hizo alusión a la autonomía de la ciencia y la tecnología.

La actividad discursiva se presenta dentro de este debate como un mecanismo de apoyo o de interferencia para lograr unir de forma sostenida planteamientos viables respecto a lo que se desea sobre el desarrollo de la actividad en ciencia y tecnología, vale la pena citar también, lo que se desea sean los actores que integran esta actividad.

Con estas apreciaciones nace otra interrogante: cómo se puede contextualizar dentro de la “Misión Ciencia” la discusión del valor y uso del conocimiento?. La "Misión Ciencia" no es una excepción ni una categoría fuera del planteamiento político-ideológico del resto de las misiones, tal y como se hace notar en algunos comentarios hechos en el seno de este debate, actitud por cierto, muy arraigada en el pensar del científico venezolano: “la ciencia conmigo y yo con la ciencia”.

Y no lo podría ser porque esta "Misión" está propuesta como parte de un nuevo planteamiento político nacional e internacional al igual que las otras misiones. Esta misión quizás lo que desea ser es justamente, y aquí si tomo las palabras de la Ministra de CyT, es un instrumento de liberación para responder a quienes históricamente en el país se habían beneficiado de lo que daban, con aciertos y errores, las políticas públicas en el país y sus instrumentos para la asignación de recursos al desarrollo de proyectos científicos y tecnológicos.

Por otra parte, comentaba recientemente con el Viceministro de Planificación y Desarrollo del Ministerio que el problema de la C y la T sigue vigente, no es un problema nuevo y ha sido en todo caso, parte del debate arduo de los últimos diez años, por cierto, y en especial, en el seno del ya viejo CONICIT.

La discusión sobre hacer ciencia y para qué hacerla es legítima en el seno del debate. Sobre todo, el preguntarse cómo socializar la ciencia y el conocimiento y como socializar fundamentalmente a los actores que hacen y desarrollan la ciencia y la tecnología.

Se me ocurre que desde ya esta misión plantea dos grandes retos, aparte de aquellos ya expresados en el seno de este valioso debate, en primer lugar es la de poder crear los incentivos para que los actores individuales organizados e instituciones se sensibilicen; y se promueva en este seno un proceso de socialización colectiva sobre el valor del conocimiento en el conjunto social. Esto permitiría dar un paso importante en nuestro país referente a la discusión cada vez más frecuente y enérgica, por lo menos en el seno de los países de América Latina, referente a la dicotomía desarrollo tecnológico, participación y equidad.

En segundo lugar se hace necesario debatir con más fuerza y públicamente sobre cómo insertar en el colectivo social la “Misión Ciencia”. No se puede renunciar a la utilización de los principios metodológicos, conceptuales y teóricos propios de los componentes que conforman la ciencia y la tecnología para impulsar la misma. Aquí se presenta un reto y es el de cómo vincular (y no necesariamente romper) la cultura científica y tecnológica prevaleciente aún en el país con las necesidades y demandes sociales; las del colectivo, las del individuo.

Antecedentes de este tipo no se visualizan con claridad en los países de América Latina, apenas la tesis del humanismo económico asoma ciertas ideas y proposiciones que parten básicamente de la sensibilización de la tecnología y el conocimiento como recursos e instrumentos sociales. Esto significa incluso, un avance para iniciar la discusión del nuevo socialismo y el rol de la ciencia y la tecnología.

Temo que la "Misión Ciencia" más allá de poder ser liberadora de algo, sea una tarea perdida sino logramos abrir un debate público que señale el camino para identificar objetivos claros y concretos en el corto, mediano y largo plazo, y sobre todo, sobre una nueva caracterización de los actores que impulsaran esta "Misión". Sería de enorme utilidad que parte de esta sensibilidad comience por una convocatoria pública en modalidad de congreso o mesas de discusión para debatir estos y otros aspectos.

Rafael Palacios
Universität Tubingen
Deutschland