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La Coctelera

GERENCIA PÚBLICA Y SOCIAL

16 Mayo 2006

Opinión de Héctor Luis González Ñáñez, acerca de las consideraciones hechas por Klaus Jaffe

Héctor Luis González Ñáñez

Opinión de Héctor Luis González Ñáñez, sobre las consideraciones hechas por Klaus Jaffe, en el marco del debate que se desarrolla a partir del lanzamiento de la Misión Ciencia.

...A propósito de la libertad de pensamiento que debe tener todo científico -y también los científicos venezolanos-, usted esculpió un duro y lapidario epíteto sobre ciertos talleres convocados desde uno de los medios de comunicación más empleados por el Gobierno de la República Bolivariana de Venezuela: Aló Presidente, donde el principal actor del mismo: El Presidente Hugo Chávez Frías, realizó la convocatorio para cumplir esa actividad; y para enmendarle la plana de un supuesto error en torno a lo aceptado por él y los equipos técnicos que operacionalizaron la idea, en torno a lo que ellos asumen como ciencia: llama a los investigadores a discutir este concepto, escindiendo de esta realidad cualquier originalidad que se pudiere entramar simultáneamente de cosificaciones como la creatividad, el desarrollo económico, el ingenio y la soberanía nacional; pero eso, si y sólo si, se restaban de este conciliábulo, los contenidos de ciencia aplicables a los fenómenos sociales que pudieran discutirse en aquellos talleres.
Si no sabemos qué hacer con la investigación, ¿para qué la exigimos?
Permítame en esta persuasión evocar en principio a Karl Popper, filósofo austriaco (1902-1994), famoso por su teoría del método científico y por su crítica al determinismo histórico, para dilucidar desde ya, algunos elementos de esa su defendida teoría científica; y construirme al respecto de su angustia una auto respuesta. Y es que este representante del paradigma de ruptura del orden positivista establecido, considerado en algunos espacios científicos como pionero del paradigma cualitativo, se interesó en rescatar a Platón, cuando comparó la teoría con una embarcación, que lo podía conducir a uno por las inmensidades del mar, lo que podría interpretarse, dada aquella vastedad, como la imposibilidad de cambiar sus significados hasta encontrar una mejor. Asumo esta posición al valorar su agitada respuesta, ya que su elaboración, al intentar desconocer las manifestaciones científicas en los fenómenos sociales, se desplaza sin cautela exclusivamente hacia lo cuantitativo, hacia la concepción determinista del positivismo, perdiendo el rumbo en aquellas agitadas aguas de los cambios de paradigma.
Con todo, en Venezuela, la “ceniciencia” requiere de un decidido apoyo que trascienda el debate político que se intenta colar en el mundo científico y que se mueve tanto en las entrañas de las universidades como en los intersticios donde aplican y desarrollan sus competencias sus más conspicuos egresados intelectuales, humanistas o científicos; y donde ya es inocultable, el debate de una permanente incomprensión dialéctica entre el pensamiento liberal y el ideario progresista, reclamando arribar a un punto de encuentro, o de no distancia, entre el marxismo izquierdoso y el capitalismo radical.
Decía Jean-Jacques Rousseau, que para conocer a los hombres era preciso verlos actuar: Y eso de preocuparse o provocar la preocupación, pudiera serlo. Pero si la idea es apelar al largo camino de la elaboración de nuevas teorías para redefinir el concepto de ciencia, rechazando el corto de la experiencia (su esencia y aplicación), y entonces abrir un interminable debate de lo que entendemos (ellos o nosotros) por ciencia, un concepto trabajado por el Doctor y profesor universitario de Italia: Umberto Eco (1932 -), o por el físico, filósofo y epistemólogo de la ciencia argentino, Mario Bunge (1919-), y otros tantos, y que ha sido dinámicamente discutido con inclemencia desde las advertencias de Thomas Kunh y sus revoluciones científicas, sin dejar de rogar por que no asistan al debate personeros que en su carcaj sólo puedan aportar falacias basadas en sinónimos o lagunas lexicográficas, buscando el ridículo de la expresión sincera de unos con el recurso burdo de otros, o de la acepción rebuscada que pudiera refutar la idea original, pudiéramos entonces estar provocando como mínimo una micción fuera de tiesto. Pienso que en esta hora, AsoVac debe convocar sus mejores talentos; y es que sus hombres y sus valores, visión y misión, la obligan a tomar las riendas pero de la acción, no de la reacción.
Y parodiando nuevamente a Poper (esta vez citado en Pommier, 1992), afirmaríamos que “todas o casi todas las teorías científicas devienen su origen de mitos e inversamente, un mito puede contener anticipaciones importantes de las teorías científicas.” (p. 53); lo que le otorga un cierto grado de indeterminación[1].
Pues bien, partamos de la idea de que la invitación a estos talleres encierra como mínimo mitos, y asumamos ahora posiciones convergentes con un investigador como el Dr. Augusto Gallardo del otrora CONICIT, cuando en el primer gobierno del Dr. Rafael Caldera convocó a todos los expertos nacionales para discurrir acerca de las prioridades de investigación en el sector agropecuario, o retomemos las iniciativas y resultados desplegados en diverso talleres con ganaderos grandes y medianos de todo el país, bajo la conducción del Dr. Hugo Estrada y sus equipos técnicos nacionales e internacionales, en el invalorable proyecto MAC FAO Venezuela 17, también en aquel gobierno; o asumamos las investigaciones y estrategias de los catedráticos Inocente Vasquez e Ibar Varas (1985), cuando expusieron sus resultados sobre la metodología participativa en la educación popular de adultos en barrios de la ciudad de Barquisimeto: De hacerlo así, de suyo, no podríamos negar que desde aquellos rudimentos de investigación aplicada, hoy investigación-acción, o sea de investigación cualicuantitativa, la otra cara de la moneda, esos resultados fueron calificados por los coterráneos afectados como muy útiles y aplicables, y todo se hizo con la ayuda de la ciencia, connotando que provocaron importantes efectos en la Venezuela del siglo pasado, incluso arrastrados hasta este presente; y esto lo menciono, porque usted compartió espacios intelectuales como miembro del comité organizador del Foro Venezuela 2004, de su único objetivo, textualmente:
Crear puentes de comunicación y espacios de encuentro permanentes entre diferentes sectores de la sociedad venezolana, para la discusión de sus problemas y la evaluación de soluciones y alternativas. Hacer coincidir a personalidades del mundo académico, empresarial, laboral-sindical, político, cultural y de asociaciones de la sociedad civil, para que desde las más amplias perspectivas aborden la problemática relacionada con lograr esquemas de crecimiento que permitan la superación de los estados de pobreza que vive Venezuela.
Cómo usted mismo recordara, y puede ahora corroborar, no existen diferencias mayores entre los objetivos de aquel foro y estos talleres de la misión investigación, donde lo que se quiere es la discusión de los problemas de los conciudadanos y la evaluación de soluciones y alternativas, sólo que ahora la convocatoria pretende reunir a los científicos e investigadores del país para que se pueda “fomentar la creación de sinergias entre los sectores productivo, académico, político y de organizaciones civiles para construir una Venezuela moderna, incluyente y próspera”(Documento ut supra citado)
Ahora, desde una óptica más cercana, no creo pertinente que la pura teoría elaborada del concepto de ciencia que se pudiera recrear en esa su convocatoria, merezca reacciones como aquella que pretenden medir su grandeza como investigador (Químico con Doctorado en etología, Coordinador del Centro de Estudios Estratégicos y del Doctorado Interdisciplinario en Ciencias de la Universidad Simón Bolívar, y Secretario General saliente del Capítulo Caracas, del AsoVac), con base en ello, y pareciera con aptitudes de visionario zahorí, debido a su reacción desde esa notiradio. Su trayectoria, es indudable, lo ubica al lado de otros importantes “promotores de la ciencia” en nuestro país.
Entonces, si investigar lo podemos definir adoptando una acepción en lo cualicuantitativo, como “un proceso continuo y organizado, mediante el cual se pretende conocer algún fenómeno, ya sea con el fin de encontrar leyes generales (cuantitativo/positivismo: caso de los fenómenos naturales) o simplemente con el propósito de obtener respuestas particulares a una necesidad o inquietud determinada (cualitativo/ historicismo, fenomenología: caso de los fenómenos sociales)” (Paréntesis agregado. Cfr. Hurtado de B., 2003, p. 20), ¿porque tenemos ahora que renunciar a su sabiduría, y la de todos aquellos que siguen su huella, si el problema es darle utilidad practica inmediata a los resultados de las ciencias (uno de sus principios), y aliviar la pobreza que agobia al pueblo venezolano, por la escasa producción de nuevos conocimientos?
Finalmente, dejo constancia de que continúo admirándolo desde sus resultados, por ser hombre de ciencia de nuestro país; pero espero que su posición no arrastre otros promotores del mundo Galileano, primando lo ideológico (que es otra pelea pero distinta, a la que se convoca contra la miseria y la pobreza) sobre lo inmanente y urgente de aliviar aquella crisis, reiterándome de usted con esta invocación:

“El Maestro Constructivista no permite una ruptura entre la teoría y la vida, ni hace gala de un lenguaje academicista, sino que ajusta su forma de hablar a un lenguaje académico que no impida al estudiante construir sus propios modelos de la Realidad, que no se confunda con palabrerías raras y sin sentido. Crea comportamientos autónomos antes que heterónomos. Enseña en torno a problemas y no por contenidos.” (Sanabria, s/f)[2]

[1] Cfr. Pommier, Gérard. A Neurose Infantil da Psicanálise. [La nevrose infantile de la psychanalyse. Ed. Point Hors Ligne. Paris. 1989]. Coleção Transmissão da Psicanálise No 28 .Rio de Janeiro, Ed. Jorge Zahar Editor. 1992
[2] Cfr: Sanabria, Julio: La investigación en el contexto constructivista. Disponible en: http://www.escr ibimos.com/investingacionycontexto.htm. [Escuela Normal Superior de Medellín; Fecha de consulta: 16/01/2006]

Con mi mayor respeto,
Héctor Luis González Ñáñez

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