Armando Lares
Estimado:
Este planteamiento de Miguel Martínez, atractivo porque mueve a la polémica, motiva a mayores consideraciones. Lástima que tengo que dedicarme a terminar los informes de la "Comisión Presidencial de Riesgo" y no puedo por los momentos reflexionar con mayor dedicación sobre la "Misión Ciencia".

Sólo un pequeño comentario: ya ese modo de producción de conocimientos "libre" por parte de los llamados "científicos" ha dado paso a la razón instrumental donde se "investiga lo que es útil para la sociedad ... y para el capital". No estoy tomando posición sobre si esta debe ser la vía, sino reflejando una realidad. Y para investigar lo que es útil, debe haber objetivos, propósitos, metas, políticas, estrategias etc. etc. Lo cual nos lleva a la conclusión que no existen contradicciones en formular una "Misión" que oriente y señale caminos y la labor que deben realizar los investigadores en las diversas áreas del conocimiento. Quién suministra los fondos de las investigaciones que estén en sintonía con esos propósitos? ¿No es principalmente el Estado? Así que la famosa "libertad de investigación", es una entelequia. Por supuesto, no queremos investigadores tipo funcionarios burócratas. Pero no podemos dejar de reconocer que las coyunturas señalan caminos para el impulso de las investigaciones y estas coyunturas de acuerdo cómo la valoricen los gobiernos condicionan en gran parte el desarrollo de las investigaciones. ¿Antes quién investigaba sobre el SIDA? Al convertirse en un problema mundial, se inducen investigaciones y se asignan fondos para esto; así en otros campos.
RL: Hemos tocado ya en este debate—de paso—el complicado asunto de la “investigación libre” (por contraste con la “investigación por encargo”). Reitero una idea central: el Estado está OBLIGADO a garantizar la más ABSOLUTA libertad de investigación (y de pensamiento) en los medios académicos que ese mismo Estado ha creado. A su vez, cada gobierno tiene la necesidad –y también la obligación—de generar las investigaciones que requieren sus políticas públicas, los conocimientos que son demandados por sus planes de acción. En este último caso es obvio que no se puede dejar en manos de la “inspiración” de algún sabio el destino de los proyectos. Esas investigaciones pueden ser hechas directamente por los entes públicos habilitados para tal fin o por los órganos académicos que se asocien libremente con iniciativas de este género. Nadie puede pretender razonablemente que el Ministerio de Agricultura tenga como meta prioritaria un gran proyecto de investigación sobre “El modernismo en Rubén Darío”, por ejemplo. Pero a su vez, a nadie se le ocurriría el disparate de cuestionar que ese mismo proyecto de investigación esté desarrollándose en la Escuela de Letras de nuestra Facultad de Humanidades. Moraleja: nunca te equivoques de lugar a la hora de preguntar ¿para quién investigo?

Si a esto le agregamos los objetivos estratégicos que se planteen las naciones, podremos anotar cuán condicionada está la actividad de investigación. Esto me recuerda mi breve paso por el IDEA. Algunos investigadores biólogos y médicos tenían años (20-25) estudiando problemas del sistema nervioso utilizando experimentos con camarones y otros animales. Publicaban sus resultados, siempre parciales, en los famosos "papers" durante años. Otro grupo planteaba si esto es importante para esos investigadores, se respeta. ¿Pero tantos años en eso; se preguntaban? Ellos respondían: "no se puede condicionar al investigador, cada cual escoge su tema". Como réplica se formulaba, ¿ por qué no invertir recursos del IDEA en promover investigaciones dirigidas a conocer a fondo los problemas que están afectando al país? ¿Por qué no investigar problemas concretos y plantear soluciones? Bueno, caemos en la vieja discusión de lo básico y lo aplicado. No quiero simplificar más un asunto complejo como lo es la "Misión Ciencia".

Sólo deseo decir, no conozco cómo se va a desarrollar la "Misión Ciencia", el lanzar a la opinión pública una "Misión" para la ciencia, por lo menos plantea la necesidad de valorizar una actividad que ha sido marginal en nuestro país. Aspecto este que puede ofrecer una base para impulsar muchos sueños de valiosos investigadores que desde años desean que Venezuela pueda tener un desarrollo científico y tecnológico ubicado en otra dimensión.
RL: De hecho todo este esfuerzo representa una valorización de las ciencias y las técnicas en el quehacer de la sociedad. Pero sobre todo ha de representar un claro propósito de repensar las maneras de hacer ciencia y los modos de implantar e innovar las tecnologías que requerimos para un nuevo proyecto de sociedad. Es preciso conjugar la obtención de resultados tangibles y en breve plazo con la construcción de una nueva plataforma organizacional que sea a su vez un nuevo paradigma científico-tecnológico. Si la cuestión fuera sólo la “aplicación” de algo que ya existe, estaríamos cómodos con una “Misión Ciencia”. Pero ya sabemos que la tarea más compleja es precisamente cambiar muchas mentalidades, procederes, creencias, hábitos intelectuales, maneras de producir, mitos sobre el “desarrollo”, el “progreso” y la “globalización”, en fin, todo un andamiaje conceptual y práctico que es el principal obstáculo para avanzar en este campo.

Armando