Daniel Mato
Celebro que la lista de ASOVAC nos esté sirviendo para intercambiar ideas acerca de la idea de ciencia, sus formas de institucionalización y sus relaciones con otras formas de producción de conocimiento.
Para quienes trabajamos en investigación social reflexionar y debatir sobre este tipo de problemas es una práctica regular y permanente. Generalmente nuestras reflexiones no han despertado mucho interés entre los colegas que practican esas otras formas de producción de conocimiento que algunos llaman ciencias naturales, otros ciencias experiementales, otros "ciencias duras" (sugiriendo que las otras serían "blandas") y otros simplemente "ciencia", asumiendo que la suya es "la forma" de hacer ciencia por excelencia.
En líneas generales, para quienes desarrollamos investigación sobre fenómenos sociales (en general y no sólo en este mensaje, eludo utilizar la expresión "ciencias sociales", precisamente por la carga de cierto sentido que acarrea la palabra "ciencia") la idea de que "La ciencia se hace en los laboratorios e instituciones académicas, no en la calle" resulta una idea muy limitada y limitante. Esto es así precisamente porque el tipo de saberes que se produce desde disciplinas como la antropología, la sociología, las "ciencias" de la comunicación, la geografía social, la historia, etc., en general --hay excepciones-- no surge del trabajo "en" laboratorios, ni "en" instituciones académicas. Desde luego, en el amplio campo de las llamadas ciencias sociales y de las humanidades hay diferencias y debates y hay gente que trabaja exclusiva y/o predominanemente en laboratorios y "en" (dentro) de las instituciones académcias. Pero junto a esas existen otras modalidades de producción de conocimientos que según los casos tienen lugar fuera de esos marcos, aun cuando puedan partir de teorías y métodos que han sido desarrollados "en" o "desde" instituciones académicas. El caso es que cuando una/o hace investigación de campo (modalidad que según las disciplinas resulta más o menos importante y que en el caso de la antropología, especialmente la social y/o cultural, es la forma predominante) una/o se ve rápidamente forzado a reconocer y valorar la importancia de otras formas de producción de conocimiento, precisamente aquéllas que de manera genérica o metafórica puede llamarse "en" o "de" "la calle". Es cierto que si esta última expresión es interpretada literalmente resulta marcadamente urbana y --dentro de las ciudades-- resaltadora del espacio público. Pero entiendo debe interpretarse en el sentido amplio de designar todo aquello que ocurre fuera de las instituciones académicas, incluyendo por ejemplo, agrupamientos humanos de todo tipo (incluyendo pueblos indígenas), organizaciones sociales, organizaciones productoras de bienes materiales o servicios (ubicadas en ciudades o en el ámbito rural), etc.
Así las cosas, muchos de quienes nos dedicamos a la investigación social hemos aprendido a reconocer la importancia y valor de esas otras modalidades de producción de conocimientos, a criticar las ideas canónicas de "ciencia" y "método científico" y a transitar el difícil camino de trabajar reconociendo que la diversidad de contextos en los cuales los seres humanos desarrollamos nuestras vidas y nuestras prácticas productivas (sea de "saberes" especializados en espacios aislados de "la calle", o de otros tipos de bienes y servicios) de manera articulada con los diversos tipos de prácticas e intereses que orientan estas prácticas, de lugar a diversos tipos de saberes. Así como a comprender que en éste, como en otros ámbitos de la vida, es necesario reconocer y valorar las diferencias y propiciar y elaborar el enriquecimiento mutuo que la existencia de estas diferencias potencialmente permite. A esto suele llamársele comunicación intercultural, entendiendo que las "diferencias culturales" no se limitan a aquellas que corresponden a las diferencias étnicas, sino que también pueden ser significativamente asociadas, por ejemplo, a diferencias entre disciplinas académicas, saberes profesionales y ocupacionales, géneros, edades, etc., factores que según lo que se busque conocer resultarán, según los casos, más o menos relevantes.
Ahora bien, dicho lo anterior tampoco es necesario, y a mi modo de ver ni siquiera apropiado o conveniente, calificar de "ciencia" o de "científico" a todo tipo de saber o conocimiento. El saber científico tiene ciertas características propias de la institucionalidad en cuyo marco se produce, las cuales a la vez marcan los límites de su importancia, validez y utilidad. El problema radica en que frecuentemente las instituciones científicas y/o sus voceros asumen y proclaman que este tipo de saber es --según los casos-- el único verdadero o valedero, o al menos el más verdadero y valedero. En realidad el problema más grave no es que esas instituciones y voceros crean eso, el problema es que esto también lo cree mucha gente que no forma parte de esa institucionalidad, porque la idea de "ciencia" se ha hecho hegemónica y más en particular ciertas ideas de ciencia se han hecho hegemónicas, como por ejemplo aquellas que automáticamente asocian ciencia con laboratorio.
En fin, el tema es complejo y la discusión extensa, incluso hay abundante bibliografía al respecto. En cualquier caso me pareció conveniente valorar esta discusión y propiciar que la demos de maneras menos coyunturalistas y personalistas. El debate sobre la idea de ciencia es necesario e importante, y esto no sólo en nuestro país, ni sólo en esta coyuntura histórica. Ojalá podamos instalarlo como debate entre nosotros y especialmente en el seno de ASOVAC, nuestras universidades, el MCT y la Misión Ciencia.

Por si hubiera interesados les envío el vínculo al archivo de una ponencia que escribí recientemente sobre el tema para presentarla en el 1er Congreso Latinoamericano de Antropología (julio de 2005), se titula: "Diversidad de contextos, de prácticas intelectuales y de saberes: Reflexiones conceptuales y sobre la (modesta) experiencia intercultural de nuestro Programa en la Universidad Central de Venezuela":
http://www.globalcult.org.ve/doc/mato/PonenciaALAA.pdf
Saludos amistosos,

Daniel Mato