Consideraciones de Esteban Emilio Mosonyi sobre el debate generado alrededor de la Misión Ciencia
Esteban Emilio Mosonyi
...querría agregar al debate algunos puntos todavía no muy elaborados, que sin embargo podrían suscitar o motivar algunas reflexiones en el colectivo, siempre con miras a profundizar el proceso.
1) El concepto de diversidad y sus derivados configuran uno de los epicentros del gran debate intelectual mundial, donde nuestro país y sus trabajadores culturales podrán y tendrán que hacer aportes significativos, por ser tan ricos en biodiversidad y sociodiversidad. Me inquieta, no obstante, que nuestra agenda política actual no le dedica tanta atención a este tópico y la propia Misión Ciencia se concentra más bien en otras áreas, por ejemplo la productividad minera. Entiendo que hasta el destino nos obligará, por lo menos durante algún tiempo, a servir de gran fuente energética al mundo entero, la cual habrá de ser sabiamente administrada y en bien de los países emergentes. Pero también -y tal vez en mayor grado- somos un país de inmensos recursos hídricos, bióticos y con reservas de ozono aún intactas gracias a nuestra Amazonía-Orinoquía y también a otras formaciones como Los Andes y Perijá. Entonces, inevitablemente hay que buscar un equilibrio, porque la minería y hasta el traslado terrestre o entubado de algunos productos que ahora ocupan el proscenio bien podrían acabar con muchos ecosistemas si nos descuidáramos. Recordemos que en Venezuela el agua de hecho es más costosa que el petróleo. Me atrevo a decir con absoluta seguridad que nuestro proceso sociopolítico ganaría a la postre muchos más puntos y adeptos salvaguardando y poniendo de relieve nuestros todavía grandes recursos ambientales que insistiendo casi unilateralmente en cuestiones energéticas y geopolíticas, quizás ni siquiera tan originales. En todo caso, la Misión Ciencia y todos los investigadores deberemos tratar este punto de la forma más consciente y minuciosa.
2) Volviendo a la diversidad, esta vez cultural, me asusta que el Proyecto de Ley de Educación, a pesar de la amplia participación nominal de algunos de nosotros, le dedique tan poquito espacio y se exprese en términos tan magros de la educación indígena y de la Educación Intercultural Bilingüe, aparte de que los afrodescendientes parece que no existieran. Como participante de algunas de la Reuniones de Trabajo, puedo asegurarte -en calidad de testigo presencial- que ciertos personeros muy influyentes en las tomas de decisiones me ponían la cara agria cada vez que me refería a ese tema, colocando más bien el acento en la absoluta necesidad de que indígenas, afrovenezolanos, campesinos y todos en general se integren en un solo esquema educativo, bastante simplificado por lo demás. ¿Qué hacemos con ser signatarios de convenios internacionales sobre la diversidad cultural si nuestra clase política en sus distintos niveles no comprende -ni quiere percatarse- a qué se refiere esta serie de planteamientos verdaderamente revolucionarios y destinados a cambiar el mundo? Ello también amerita múltiples debates entre nosotros. Primero hay que reconocer y divulgar la multiculturalidad dentro y fuera de nuestro país, para luego poder ser interculturales, vale decir, establecer canales y modalidades de comunicación entre tantas culturas y manifestaciones culturales en forma horizontal y sin atentar contra la especificidad de ninguna de ellas, tal como lo hemos sostenido tantas veces y durante largos años.
3) Y ahora vayamos a lo intracultural. La diversidad comienza en casa: en el seno de cada cultura considerada en sí misma. Aquí creo que muchos países, entre ellos el nuestro, estamos fallando quizás en forma inconsciente. Nos encanta todavía hablar de masificación -de la educación, la cultura, la lectura, el deporte, de todo- en lugar de universalización o algo análogo, sin pensar que esto llevaría a producir uniformidad, simplificación, falta de creatividad y hasta cierta maquinización y robotización del ser humano. Entiendo el entusiasmo de las primeras cohortes revolucionarias, pero ya sería tiempo de dejarnos de tanta gorrita roja, franelas del mismo color y consignas tipo "uh, ah". Por el contrario, precisamente la gente más identificada con el proceso debería dar el ejemplo, promoviendo incluso a través de concursos nuevas manifestaciones de diversidad cultural o de otra índole. Si bien reconozco que existen melodias o cuadros monótonos, estáticos, que no por esto dejan de ser bellos e interesantes, también es verdad que, en lo fundamental, la creación y la misma dinámica de la vida implica diferencia, diferencias y más diferencias. Por ejemplo, yo le agradezco a Farruco Sesto el haber puesto en circulación un hermoso logo panare, pero estoy en desacuerdo con que ese logo sea el único para todas las instituciones culturales, tal vez ignorando soterradamente los logos vigentes anteriormente o cualquier otra opción o alternativa. Quiero insistir de la manera más cordial que en este momento domina entre nosotros cierta unidimensionalidad histórica y cultural, como cuando pretendemos reducir todo nuestro acontecer a Bolívar y su época o a la lucha de Zamora contra el latifundio, para citar dos casos notorios. Venezuela comporta una inmensa riqueza multicultural, intercultural e intracultural, que no puede ni tiene por qué agazaparse en la penumbra, sólo para destacar unas poquísimas facetas que por lo demás nunca fueron totalmente ignoradas aunque sí mal interpretadas. Sin una buena intraculturalidad no hay tampoco interculturalidad ni una diversidad abundante y creadora.
4) Quisiera concluir este breve mensaje -para seguir contribuyendo en otro momento- con un comentario sobre el excelente artículo tuyo en El Nacional, ya mencionado. En una reunión muy reciente de la Red de Macrouniversidades que se realizó en Tepoztlán, México, se tocó accidentalmente el tema ya consabido de "ciencias duras vs. ciencias blandas". Yo intervine afirmando que ya, a estas alturas, no hay ninguna razón para mantener tal dicotomía. Por un lado, los mejores físicos, matemáticos y otros "duros" reconocen sin tapujos el papel que juegan la imprevisibilidad y el azar en esas disciplinas de coraza positivista. Por otro lado, también las ciencias sociales y humanas pueden ser exactas y predictivas, como cuando hace treinta años o más un grupo de antropólogos y sociólogos latinoamericanos predijimos con detalles minuciosos y casi de manera exhaustiva todo lo que iba a suceder en materia del futuro reconocimiento de los pueblos indígenas y otras sociedades minorizadas y oprimidas; el futuro auge de las culturas, lenguas y conocimientos alternativos al pensamiento único occidental y neoliberal, así como múltiples manifestaciones de la sociodiversidad en tanto proyección de la propia biodiversidad y otros planteamientos que aún no se estilaban en mi infancia. Pero lo más bonito del caso es que nuestro diagnóstico, perfectamente visible y rastreable a través de numerosas publicaciones que ya remontan a varias décadas, no pretende asumir un carácter prescriptivo ni normativo, no quiere ser determinista, sino que se conforma humildemente con ofrecer opciones más o menos novedosas, allí donde antes no había más que una homogeneidad y un conformismo sepulcrales y a menudo cínicos. Bueno, cosas veredes, amigos de la Comunidad Científica...
Con un fuerte abrazo y una cordial invitación a seguir debatiendo,
Esteban Emilio Mosonyi

Elfa dijo
Buen aporte!!!!!!!
3 Noviembre 2008 | 03:50 PM